

Bad Bunny en el Super Bowl no fue solo un espectáculo musical: fue una declaración cultural que incomodó, emocionó y generó debate dentro y fuera del estadio. Su participación en el evento deportivo más visto de Estados Unidos trascendió el entretenimiento y abrió una conversación sobre identidad latina, representación y el lugar de la música en español en la narrativa cultural estadounidense.
Lejos de buscar consenso, el artista puertorriqueño apostó por un mensaje con carga simbólica, consciente de que no todos lo recibirían de la misma manera.
Desde el primer minuto, Bad Bunny en el Super Bowl se sintió distinto. El escenario, la selección musical y la estética dejaron claro que no se trataba de una actuación pensada para agradar a todos, sino para decir algo. Para muchos espectadores, fue un momento histórico; para otros, una presentación difícil de descifrar dentro de un evento tradicionalmente dominado por fórmulas seguras.
Las reacciones no tardaron en llegar. Mientras una parte del público celebró la visibilidad de la música latina en uno de los escenarios más influyentes del mundo, otra cuestionó el tono, el mensaje y la falta de concesiones al gusto masivo.
Varios análisis coincidieron en que el show no podía entenderse solo desde lo musical. La puesta en escena estuvo cargada de referencias a Puerto Rico, la migración y la experiencia latina en Estados Unidos. En ese sentido, Bad Bunny en el Super Bowl funcionó como una narrativa cultural que obligó a mirar más allá del espectáculo.
El artista no explicó su mensaje de forma explícita, y ahí radicó parte del debate: para algunos fue una muestra de autenticidad; para otros, una barrera que dificultó la conexión con la audiencia general.
La crítica especializada tampoco fue unánime. Algunos medios destacaron la valentía del artista por usar un escenario global para representar una identidad históricamente marginada. Otros señalaron que el show se alejaba de la espectacularidad que muchos esperan del Super Bowl.
Esta división refleja una tensión recurrente: ¿el medio evento debe adaptarse al artista o el artista al evento? Bad Bunny en el Super Bowl pareció responder con claridad a esa pregunta, aun sabiendo que el resultado no sería cómodo para todos.

Más allá de gustos personales, la presencia de Bad Bunny marcó un punto de inflexión. No se trató de una versión “traducida” o suavizada de su propuesta artística, sino de una representación directa de su identidad cultural. Para muchos latinos, eso fue precisamente lo más significativo del momento.
En un contexto donde la música en español sigue ganando terreno global, Bad Bunny en el Super Bowl evidenció que la representación no siempre viene acompañada de consenso, pero sí de visibilidad.
El debate que dejó el show dice tanto del artista como del público que lo observó. La actuación expuso las distintas lecturas que conviven dentro de una misma audiencia y puso sobre la mesa preguntas incómodas sobre inclusión, identidad y expectativas culturales.
Al final, Bad Bunny en el Super Bowl no buscó ser “el mejor” ni “el peor” espectáculo del evento, sino uno que dejara huella. Y en ese objetivo, difícilmente puede considerarse un fracaso.